Soplé, y volaron todos los pétalos. Y de repente algo se movió en el universo.
Quédate. Ni se te ocurra marcharte. Quédate conmigo, hace frío. Eres lo más preciado que tengo en esta vida. Quédate, no te marches. Hazme un hueco en tu cama. Dame un beso todas las mañanas. Yo, a cambio, te haré café con caricias. Déjame quedarme, por favor. Prometo no hacer mucho ruido.
Como las piezas de un puzle, vamos encajándonos. Conectándonos. Dibujando. Creando y creándonos. Buscándonos las vueltas. Vamos a construir una torre alta y de colores, desde donde podamos sentarnos a ver anochecer. Donde nunca haga frío. Donde estemos siempre juntos.
Ven, te estoy esperando y tengo las piezas preparadas.
domingo, 9 de octubre de 2011
Es como flotar. Creo que es la sensación más cercana a volar que he experimentado. Es como que no lo puedes creer, pero está pasando de verdad. Es como haberse subido en una nube esponjosa. Y de repente, te paras, cierras los ojos, respiras y te das cuenta: eres feliz.
Tiene alrededor de los ojos un halo blanco, como los periquitos cuando envejecen. Cada una de sus arrugas marca una de las dificultades de su vida, y también una de sus alegrías. Embriaga el brillo de su mirada ya cansada, la blancura de su pelo acaracolado. Siempre me encantó una foto de mi abuela, de joven, con melena negra, peinadada con ondas tipo años veinte y un moño bajo. Cuando era pequeña me quedaba embelesada, admirando su marcada belleza mediterránea y siempre le preguntaba: ¿De verdad eres tú? Ahora la admiro igualmente, a pesar de que me cuenta infinitas veces la misma historia sin darse cuenta. A pesar de que a veces se olvida de que he ido a verla. La admiro porque hace honor a su nombre, Victoria, porque sigue jugando la partida de la vida y porque todavía le quedan fuerzas para una sonrisa.
Me gusta ver la forma en que pierdes el norte y ya no sabes siquiera dónde estás, y pierdes la línea que marca los límites, y te olvidas, y te dejas arrastar.
Rendido a tus deseos y a los míos. A tus fantasías y a las mías.
Con este calor que solo nos permite caricias suaves que no suban en exceso la temperatura ya de por sí demasiado alta. Caricias que formarán parte de sueños posteriores, que me darán compañía y calor en las noches en las que corra una pequeña brisa de aire fresco, como esta.
Noches de verano, de luna llena, de estrellas fugaces a las que ya no pido deseos.
Contigo. Quitándonos la ropa porque molesta, estorba, porque sobra. Nos sobra.
Aunque solo sea una historia de hoy y quizá de mañana.
No sabemos lo que es siempre, ni jamás, y por eso nos quedamos en ese limbo en el que solo importamos tú y yo.
martes, 12 de julio de 2011
Dame esa parte de tu cuerpo que es solo mía. Esa que me regalaste aquella noche. Esa que siempre podré morder, besar, acariciar siempre que estés cerca. Porque tengo que comer chocolate para no pensar en ti y lo único que hago es desearte más. Regálame un sí, un presente sin futuro. Regálame un ahora, un ya sin mañana. Y haz que se pare el tiempo y que no tengamos que salir nunca de entre estas cuatro paredes. Y que siempre sea sí, hoy y ahora para no tener que pensar más en qué va a pasar mañana. La oferta empieza ya y caduca nunca.
miércoles, 6 de julio de 2011
Ven, anda, que lo estás deseando. Te tengo aquí un huequecito reservado para que apoyes la cabeza. Tengo abiertos los oídos para escucharte y te prometo que me voy a dejar hacer cosquillas hasta que me ría tanto que me duela el estómago. Luego tendrás que darme besos para curarme. Ya sabes que es mi debilidad. Casi tanto como tú. Y encima te he hecho café.