lunes, 10 de mayo de 2010
Lo siento
Porque necesito despertar y esto solo me ayuda a soñar.
Porque estoy pasando por un mal momento por un cúmulo de circunstancias y tengo que reconstruirme, borrar y hacer cuenta nueva.
Y empezar otra página en blanco de mi vida.
Pero con alegría y felicidad y con una gran sonrisa y con fuerza.
No llorando como ahora.
Me voy un tiempo, prometo que volveré. Quizá antes de lo que ahora estoy pensando. Quizá mañana, quizá dentro de un mes. Cuando vuelva a encontrarme.
martes, 27 de abril de 2010
La vida se le escapa
Cada día un poco más.
Todas sus vivencias, todos sus recuerdos, todas sus fuerzas.
Todo lo que ha sido, todo lo que es y lo que ya no volverá a ser nunca.
Y sus familiares se congregan alrededor de una cama en la que hay alguien que casi es nada ya.
Porque la vida, poco a poco y aunque joven, deja de ser suya.
Y se preguntan si hay un dios misericordioso que pueda curar la espera, ya que no cura la enfermedad.
Pero no hay respuesta.
Ni dioses, ni amos.
Ni plegarias.
Ni esperanza.
Solo la nada y la vida que, poco a poco, va abandonándole.
domingo, 18 de abril de 2010
Si se rompiera el silencio
Mi cama todavía huele a ti. Mi almohada te echa de menos.
Mi habitación está vacía. Tan vacía como había estado mi corazón durante mucho tiempo hasta que se te ocurrió la maravillosa idea de llamar a su puerta.
Y me fui agrietando y fui quitándomelo todo. Hasta que estuve totalmente desnuda frente a ti. Como ahora.
Me buscaste y me encontraste, casi sin querer. Casi sin verme.
En la oscuridad de los portales fríos donde nos dimos calor.
Y así, poco a poco, se me fueron escapando de las manos los sentimientos y las caricias y los besos y los abrazos; todos esos que ahora reprimo.
Volaron libres, no pude sujetarlos durante más tiempo.
Últimamente cuando me acaricias se me eriza la piel y me da un vuelco el corazón y se me vacia el estómago y me haces temblar.
Pero guardo silencio. Incapaz de gritártelo a la cara. Incapaz de susurrártelo al oído. Incapaz de abrir la boca. Porque me faltan las palabras, todas las que me sobran aquí. Porque le tengo miedo al miedo. Porque prefiero refugiarme en el silencio, hasta que algo o alguien rompa su sutil fragilidad y entren todas las miradas y me obligue a dejar de luchar contra lo que siento.
Milésimas de segundo de felicidad
En esos ojos tristes de los que solo a veces logro arrancar una sonrisa.
En esos ojos que, poco a poco, van dejando su huella en mi corazón.
Hoy tú has hecho que brille mi mirada y mis ojos han sonreído por ti.
Porque hoy me has regalado una milésima de segundo de felicidad, de esas que yo me guardo en el bolsillo, para sonreír cuando ando sola por las calles de Madrid.
jueves, 18 de marzo de 2010
jueves, 18 de febrero de 2010
¿Por qué no dejas que me beba tus lágrimas?
Todas, hasta que ya no te queden.
Poco a poco, puedo besarte el corazón hasta que se te cure.
Puedo hacerlo, no creas que estoy loca. Existe la magia aunque quizá a ti ya se te haya olvidado.
Como eres tan mayor y tan maduro y vives en ese mundo de hombres mayores y maduros encorbatados al que yo no pertenezco ni perteneceré nunca...
Pero, cuando llegas a casa ¿a que a veces lloras como un niño? Claro, si te conoceré yo...
Podemos empezar la terapia el sábado. No se hable más. Me traigo mi saco de las caricias y mi mochila de los besos, lo mezclamos todo y después extendemos la mezcla por tu cuerpo, para que te tape todas las heridas.
Y ya verás lo bien que te sientes después. Te lo digo yo que soy licenciada en cariño.
jueves, 11 de febrero de 2010
Hace un año
Mi espejo me devuelve la imagen de alguien que está tumbado al borde de un abismo contemplando el paisaje, avanzando poco a poco hacia el precipicio sin saber si debe tirarse con un paracaídas o debe parar su avance y tumbarse un poco más a seguir contemplando el paisaje.
Algunos piensan que, cuando al fin salte, el paracaídas se abrirá y el reflejo de mi espejo aterrizará con los dos pies firmemente sobre la tierra, y crecerá y abrazará la tierra y le saldrán raíces, esas que con tanto esmero ha ido cortando...
El reflejo de mi espejo, que tiene la cabeza un poco más arriba de la tierra, no sabe si quiere saltar o si quiere seguir disfrutando de las vistas. Entretanto, a mí me gustaría que ese espejo me diera las respuestas que tal vez no quiero ver: «Nos hacemos mayores».