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lunes, 25 de enero de 2010

Querer es bonito, pero querer a quien no te quiere...

Hacía mucho tiempo que Helena no se dormía con ese dolor de cabeza que te entra cuando te has pasado horas llorando.

Llegó a casa y hacía frío, después del fin de semana con la calefacción apagada y en pleno enero es normal que haga frío en casa. Pero era un frío diferente, un frío de soledad y no lo sentía fuera sino dentro de ella.

Intentó pensar en él para encontrar un poquito de calor y entonces fue cuando empezó a llorar. Y fue una noche de convencimientos y de dudas. Sintió que volvía a la adolescencia y se veía a sí misma con 7 años menos, llorando por otro corazón, pero por las mismas razones y sentía ese mismo vacío en el pecho mezclado con dolor.

Tiene que decirle que le quiere de verdad aunque sabe que él a ella no la quiere, que su corazón de alguna manera está ocupado, o protegido. Y ella nunca tendrá un sitio en él, por mucho que luche.

Pobre Helena que para reconocer que está enamorada ha tenido que probar otra boca y sentirse desgraciada y sucia y odiarse un poco por engañarse a sí misma y por ser incapaz de decir lo que siente.

Pobre Helena que tardará poco en dejarle de querer, o mucho, pero él nunca lo sabrá.

lunes, 19 de octubre de 2009

Helena se ha dado cuenta de que se está enamorando

Helena se ha mirado al espejo esta mañana y este le ha devuelto una imagen con una de esas sonrisas tontas que todos hemos tenido alguna vez. Y se ha quedado mirándose a sí misma, explorándose, sin darse cuenta del correr del tiempo y cuando ha despertado de sus ensoñaciones: OUCH! DOLOR.

Se ha dado cuenta de que estaba pensando en él y sonriendo por él. De que el corazón se le había acelerado POR ÉL. Y entonces, otro pinchacito: OUCH! RECHAZO.

Sabe que él no siente lo mismo y que OUCH! EQUIVOCACIÓN. Una lágrima.

Y OUCH! NEGACIÓN. No es verdad, no se está enamorando. Es más fácil negar y no admitir la realidad…Y más lágrimas. Pero el corazón no engaña y las lágrimas tampoco.

Así que se ha armado de valor, ha guardado unas cuantas lágrimas en un frasquito y ha decidido que se las va a regalar a él la próxima vez que lo vea. Porque son sus últimas lágrimas. Y le va a decir que no quiere volver a verle porque se está enamorando, porque ya no puede seguir mirándose al espejo y viéndose con una sonrisa tonta y pensando, sabiendo, que él no la tiene.

Si alguna vez él siente que no es merecedor de esas lágrimas podrá devolvérselas a Helena. A la pobre, nunca le han regalado lágrimas y seguro que las estará esperando.